Hace casi 50 años un mítico grupo de rock, se iniciaba en su primer albúm con un tema titulado communication Breakdown, cuyo tema versaba en la preocupación por la falta de comunicación del protagonista de la canción con una chica que le gustaba realmente. Su estribillo decía:

“Communication breakdown
It’s always the same
I’m having a nervous breakdown

Drive me insane!”

Que se podría traducir por “Comunicación rota, siempre es lo mismo, Estoy teniendo un ataque de nervios, que me vuelve loco”.

Desde la enorme catarsis que ha supuesto la mal llamada crisis económica, – que encubre en realidad, la enorme estafa que supone la adaptación de la globalización al “primer” mundo occidental, homologando el nivel de los salarios de la vieja Europa a la gran fábrica del Mundo que es Asia (China, Vietnam, Indonesia, etc.), en aras de una supuesta competitividad necesaria de los mercados internacionales, que lleva empobreciendo de forma sigilosa y progresiva a la mayor parte de la población y desmantelando el estado del bienestar – ; se va manifestando una desconexión, una incomunicación pavorosa entre la gran masa social (quejosa de injusticias endémicas), de esa mayoría de la población de los países del entorno europeo, con su clase política. Incomunicación, insensibilidad de los problemas reales que es en definitiva el mismo mal de siempre.

Consecuencia de esa manifiesta incomunicación, ha sido el resurgimiento de nuevos partidos políticos que tratan de alejarse de esa añeja y rancia política de aparato de partido, donde suelen prevalecer los intereses de este último, sobre el de los ciudadanos. La République En Marche!, en Francia, bajo la dirección del liberal Emmanuel Macron, hasta la populista Coalición de Izquierdas Radical (Syriza), en Grecia, encabezada por Alexis Tsipras, pasando por el xenófobo partido de extrema derecha alemán, Alternativa para Alemania (AfD), tercera fuerza política en el Bundestag, Movimiento 5 estrellas en Italia o Podemos en España, representan un viraje para los sistemas tradicionales de partidos.

La vieja clase política en general ofrece muchas ideas recurrentes, regala eslóganes y buenas palabras (sobre todo en precampaña) que quiere oír su pueblo, pero en la mayoría de los casos quedan en eso, en palabras, para terminar en una controlada desconexión, en una comunicación rota de la clase política con la sociedad real en la que habitan; incomunicación que parece irreversible.

Un ejemplo de lo dicho queda de manifiesto, en la absoluta desconexión de la realidad y de sus consecuencias y de la insensibilidad del aparente inocente caso, del master inexistente, de la presidente de la Comunidad de Madrid, la Sra. Cifuentes.

El espectáculo del amparo mediático en un Congreso en Sevilla de su partido, vacío de contenido político, cuya finalidad era la arenga burda y chabacana de una tribu que vive, y ha vivido, de medrar en las instituciones y en la Administración, manifiesta la ruptura completa con esa otra notable masa social llena de futuro, la de los jóvenes estudiantes universitarios, que no comprenden cómo no se pone remedio y coto, al desprestigio de un título universitario que están cursando o un postgrado en una Universidad Pública que hasta

antes de ayer era de prestigio, y les garantizaba cierta certidumbre en el mercado laboral.

Son muchos los ejemplos en la otra Europa allende los Pirineos, la de Alemania, Francia o Inglaterra, que sin dudarlo, ante un plagio, o un retoque de un curriculum o la ostentación de un título que no se tiene o no se ha cursado, se presenta la dimisión inmediata, por higiene no ya democrática, que se presupone, sino de valores. Sin embargo, aplicar el “y tú más”, tirando de hemeroteca, mirando al pasado y no al futuro, no vale.

La gran mayoría social, que estuvo a punto de coordinarse durante el 2014, y 2015, para un cambio social y de poder real, ha quedado desmembrada, desorientada en pequeños corpúsculos que se asemejan a reinos Taifas, movimientos, mareas, Plataformas ciudadanas, etc, liderados por pequeños egos locales o regionales en lucha por una parcelita de poder dentro de un partido, volviendo por inercia a la estructura de los viejos aparatos de partido, con una verticalidad alarmante que en algunos casos se asemeja al stalinismo más clásico (Podemos Andalucía).

Todo este espectáculo, no es más en definitiva, que una manifestación de esa canción potente de Led Zeppelin, cuyos acordes de bajo y batería permanecen en mi memoria como una música incesante, un eco perpetuo. Ritmos de timbales percutidos por los que se demanda una justicia social, que esa casta política ajena a la realidad, en su palacio de Versalles de Pim y Pom, no percibe. Esa música, es el lejano grito de guerra al que ha llevado la incomunicación con la realidad de los verdaderos problemas, y de la ausencia de coraje y vocación para solucionarlos (Sanidad Pública, Educación, Desempleo, Pensiones, precariedad laboral, empobrecimiento progresivo y paulatino de la población y su imparable envejecimiento con baja alarmante de la natalidad, pérdida de ética y de valores, y un largo etc).

Hoy más que nunca, se hace necesaria la coordinación desde la base social, de un proyecto político común maduro y transversal, que no divida a la gente como meros y burdos aficionados de un equipo de fútbol de segunda, entre la rancia izquierda o la derecha, defendiendo la marca, y no el fondo, sino la defensa de un verdadero proyecto político de base común, para afrontar la solución de los problemas reales, y que establezca lazos de comunicación entre la nueva clase política que ha de llegar desde las bases, y que no sea la comparsa del Statu Quo impuesto por el poder económico de la Troika, para trabajar verdaderamente por los intereses de la mayoría de sus conciudadanos. Nuevas personas que se acerquen a la esencia y a la raíz de los problemas, a pie de calle, como la infantería, confrontándolos y eliminando su causa, no tratando los síntomas desde un despacho.

Problemas que los nuevos políticos habrán de combatir en un verdadero deseo de solución, no teatralizando una preocupación fingida, organizando saraos y fiestas de congresos endogámicos, que no llevan más que al hedonismo barato que evoca el recuerdo de vacuas fiestas versallescas del siglo XVIII, ajenas a la realidad de su pueblo, y que desembocan irremediablemente en un polvorín.

Rompamos mejor con esa incomunicación, antes de que la ruptura sea definitiva, y principie la dialéctica de la nueva lucha de clases en una nueva tragicomedia histórica sin precedentes.

 

Pedro Pérez Blanes
Concejal de Costa del Sol Si Puede
Miembro de la Red de Municipios de Andalucía

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